Me gustaría que publicaran esto que para mi es un grito y no una simple historia ya que creo que como yo, hay otras personas que están marcadas por algo que no hicieron, o por delitos de los cuales sus padres nunca se hicieron responsables.
Habrá muchas mas personas como yo que sean miradas de mala manera o tachadas de malas personas y que estemos pagando un rechazo social como precio, solo porque nuestros padres hayan sido condenados por la ley.
Por eso me gustaría exponer mi infancia. De ella solo tengo un recuerdo; la violencia. Solo recuerdo el miedo que aún hoy en día me causa pesadillas algunas noches. Recuerdo todavía los gritos de mi padre, los alaridos de dolor de mi madre y el ruido seco de los golpes que arremetía contra ella. Hoy ni yo mismo se como he podido llegar a ser la persona que soy, habiendo vivido todo aquello, como puedo estar tan lleno de amor.
No tuve ni amor, ni paz ni felicidad.
Según mi madre, él no era así cuando se casó con él, y que con ella se había comportado bien hasta un tiempo antes de que yo naciera. Cuando ya estaba ella embarazada de mi. Primero eran gritos, enfados. Después fueron cosas mayores por las cuales al final ‘’mi padre’’ se comportaba violentamente sin necesitar un motivo concreto. Él solía manipularla a su antojo hasta que acabaron desembocando en la primera paliza. Ni siquiera cuando supo que yo estaba dentro de ella menguó su actitud y hizo que mi madre estuviera a punto de perderme ya que no estaba de acuerdo con mi nacimiento. Nada mas llegar a casa conmigo la paliza que le dio, le reventó los puntos de sutura de la cesárea que le habían hecho y mi madre tuvo que regresar al hospital. Tras aquello ya no pudo volver a quedarse embarazada, dejándome a mi como hijo único.
Él hizo que mi madre no pudiera quedarse mas embarazada.Mi vida fuer un infierno. Cuando veía a mi padre, lloraba, y cuando le oía llegar a casa, corría a esconderme bajo la cama. No me atreví a enfrentarme a él, hasta los 7 u 8 años que empecé a defender a mi madre. Entonces empecé yo también a recibir sus maltratos. Mi madre nunca quiso denunciarle y no se porque. Un día al volver del colegio y me encontré a mi madre en el suelo, en mitad de un charco de sangre, inconsciente, y él seguía agrediéndole como loco. Me dí cuenta de la gravedad de aquella paliza y corrí a la cocina, cogí un cuchillo, y se lo clavé a mi padre en la espalda. Salí a gritar a los vecinos, llegó la Policía, se llevaron a mi madre y a mi padre al hospital, y a mí detenido. Ella mejoró, y él también, y yo pasé a disposición del tribunal de menores. Después mi madre acabó denunciándole por agresión aunque ya no fue la misma, con un pulmón perforado, un tímpano destrozado y un ojo con el que apenas puede ver.
Salvé a mi madre, atacando a mi padre.
Volvimos a casa mi madre y yo, todos los vecinos y vecinas, los mismos que ahora me critican, nos recibieron como héroes. Admiraban mi valentía.
Todo estaba bien hasta que mi padre se acabó de recuperar, volvió a casa y mamá le dejó entrar. A los tres meses todo estaba igual que antes. Esta vez fueron tres años y de nuevo acabamos todos en el hospital y en la cárcel, por lo mismo, aunque en esa ocasión no le apuñalé, sólo le dí con un bate de béisbol en la cabeza y casi le rompí el cráneo.
Mi padre ya no volvió a casa después. Mi madre y yo seguimos viviendo juntos sin él. Recibimos noticias de que había fallecido en la cárcel, años mas tarde. Mi madre también estaba muy delicada de salud a causa de las palizas, y murió cuando yo tenía 18 años. Yo me quedé viviendo en el piso sin problemas. Todo iba bien pero ya por esas fechas, a mis espaldas empezaban a tacharme de lo que yo no era. Todos se volvieron en mi contra solo por ser su hijo.
Mi padre ya no volvió a casa después. Mi madre y yo seguimos viviendo juntos sin él. Recibimos noticias de que había fallecido en la cárcel, años mas tarde. Mi madre también estaba muy delicada de salud a causa de las palizas, y murió cuando yo tenía 18 años. Yo me quedé viviendo en el piso sin problemas. Todo iba bien pero ya por esas fechas, a mis espaldas empezaban a tacharme de lo que yo no era. Todos se volvieron en mi contra solo por ser su hijo.
Todo empezó porque empecé a salir con una vecina de mis pisos, a vernos en un bar cercano y ponernos a hablar sin más excusa que pasar un buen rato juntos, como dos buenos amigos y en tres meses ya éramos novios. Dado que yo vivía solo, nos veíamos en mi casa procurando siempre que nadie la viera entrar o salir pero es muy difícil guardar un secreto así, en una escalera. Cuando su madre se enteró, se opuso a nuestra reacción dando por echo que yo era una bestia como mi padre, que lo había demostrado en varias ocasiones. Ya nadie recordaba el echo de salvar a mi madre.
La gente que antes me apoyaba se volvió contra mí, diciéndole a ella que yo era una bestia.
La gente que antes me apoyaba se volvió contra mí, diciéndole a ella que yo era una bestia.
Tuve que dejar mi casa por culpa de la gente que un día me había tachado de héroe.
Tuve que abandonar el barrio, y ella también lo hizo cuando cumplió la mayoría de edad. Llegaron incluso a amenazarme, por haberla seducido.
Han pasado cinco años, y sigo estando marcado por los pecados de mi padre, y no es justo, de ahí mi grito: ¡No es justo!
Han pasado cinco años, y sigo estando marcado por los pecados de mi padre, y no es justo, de ahí mi grito: ¡No es justo!

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