Voy acontar una cosa que me sucedio hace ya unos meses.Yo me fui con mi hermano unos días a Almuñécar. Tras instalarnos en el hotel, todas las mañanas después de desayunar, caminábamos hacia la playa y
estábamos allí hasta la hora de comer.
El tercer día que fuimos a la playa, decidimos ponernos al lado de
unas rocas. Nos instalamos, nos tumbamos un rato hasta que decidí tomar un baño y empecé a buscar cangrejos y caracoles.
Derrepente escuché un ruido detrás de las rocas y me asomé a ver que era. Al hacerlo escuché algo hundirse en el mar. Empecé
a mirar pero no veía nada, hasta que de pronto escuché aquel ruido y al
mirar vi una cola de un verde muy brillante que desapercía bajo el agua. Me
quedé alucinado, y además seguí mirando para volver a verla. Al rato desistí y me con mi familia, a contárselo.
Me creyeron, pero dijeron que seguramente sería algún pez.Yo no se que era lo que ví, pero nunca había visto un pez con una cola tan brillante.Volvimos a la playa, dias después pero no volví a ver aquella cola.A dia de hoy no he podido olvidarlo y si no sería una sirena.
viernes, 14 de diciembre de 2012
sábado, 1 de diciembre de 2012
El hombre del saco.
Una pareja tuvo tres hijas
y les regalaron un anillo de oro a todas con el objetivo de que lo lucieran. Un
día, se reunieron con sus amigas y decidieron que harían. Decidieron ir a una
fuente que quedaba a las afueras del pueblo.
La más pequeña de ellas, que era coja, le preguntó a
su madre si podía ir con las demás. Pero su madre no la dejo alegando:
-No vaya a ser que venga el hombre del saco y, como
eres coja, te alcance y te agarre.
Pero la niña insistió tanto
que al fin su madre le dijo y se fueron todas.
La pequeña llevó un cesto de ropa para lavarla. Y al
empezar se quitó el anillo y lo, al lado, dejó en una piedra. Estaban
alegremente jugando alrededor de la fuente cuando vieron venir al hombre del
saco y salieron corriendo a todo correr.
La pequeña intentaba correr con ellas, pero se fue
retrasando. Cuando se estaba alejando se acordó de su anillo olvidado en la
fuente. Miró para atrás y no vió al hombre del saco. Volvió a recuperar su
anillo pero ya no estaba allí.
Entonces apareció un viejo y la niña le pregunto:
-¿Ha visto usted por aquí un anillo de oro?
Él le contestó:
-Sí, en el fondo de este costal está y ahí lo
encontrarás.
La niña se metió en el costal a buscarlo y el viejo,
que era realmente el hombre del saco, cerró el costal, se lo cargó y se marchó.
El viejo iba de lugar en lugar buscándose la vida. Le dijo a la niña:
-Cuando yo te diga: «Canta, saquito, canta que si no
te doy con la palanca», tienes que cantar dentro del saco.
Fueron de pueblo en pueblo y donde iban reunía a la
gente realizaba el truco. La niña desde dentro del saco cantaba:
"Por un anillo de oro
que en la fuente me dejé
estoy metida en el saco
y en el saco moriré".
que en la fuente me dejé
estoy metida en el saco
y en el saco moriré".
El saco era la admiración de la todos, que le echaban
monedas.
Un día el viejo llegó a una casa donde era conocida la
dijo:
-Canta, saquito, canta que si no te doy con la
palanca.- La niña comenzó a cantar.
En la casa, oyeron la voz de la niña, y corrieron a
llamar a su familia. Que en cuanto escucharon la voz, la reconocieron. Le
dijeron al viejo que le darían posada aquella noche en su casa y el viejo,
aceptó.
El viejo a la casa y comenzó a cenar, pero no
tenían vino y le pidieron que fuera el a comprar un poco vino, con el dinero
que ellos le darían. El hombre acepto pensando quedarse con una buena parte del
cambio.
Cuando el viejo se fue, los padres sacaron a la
niña del saco, que les contó todo lo que le había sucedido, y la escondieron en
la habitación para que no la viera. Después, cogieron un perro y un gato y los
metieron en el saco.
Volvió el viejo, comió, bebió y después se acostó.
Cuando se levantó, tomó su limosna y salió camino de otro pueblo.
Al llegar a otro pueblo, reunió a la gente y
anunció que llevaba consigo un saco que cantaba y cuando se formó un corro de
gente dijo:
-Canta, saquito,
canta que si no te doy con la palanca.
El saco no cantaba y el viejo insistió:
-Canta, saquito,
canta que si no te doy con la palanca.
El saco seguía sin cantar y la gente empezó a
reírse de él..
Por tercera vez insistió más que escamado y
pensando dar un buen castigo a la niña.
-¡Canta, saquito,
canta que si no te doy con la palanca!
Y el saco no cantó.
El viejo, furioso, empezó a dar golpes y patadas al
saco para que cantase, enfureciendo al gato y al perro que comenzaron a maullar
y a ladrar. El viejo abrió el saco y el perro y el gato saltaron hacia él. El
perro le dio un mordió en la cara, y el gato se la llenó de arañazos.
Además la gente del pueblo, pensando que se habían
querido burlar de ellos, la emprendieron con él con palos y varas.
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