sábado, 1 de diciembre de 2012

El hombre del saco.



Una pareja tuvo tres hijas y les regalaron un anillo de oro a todas con el objetivo de que lo lucieran. Un día, se reunieron con sus amigas y decidieron que harían. Decidieron ir a una fuente que quedaba a las afueras del pueblo.

La más pequeña de ellas, que era coja, le preguntó a su madre si podía ir con las demás. Pero su madre no la dejo alegando:

 

-No vaya a ser que venga el hombre del saco y, como eres coja, te alcance y te agarre.

Pero la niña insistió tanto que al fin su madre le dijo y se fueron todas.

La pequeña llevó un cesto de ropa para lavarla. Y al empezar se quitó el anillo y lo, al lado, dejó en una piedra. Estaban alegremente jugando alrededor de la fuente cuando vieron venir al hombre del saco y salieron corriendo a todo correr.

La pequeña intentaba correr con ellas, pero se fue retrasando. Cuando se estaba alejando se acordó de su anillo olvidado en la fuente. Miró para atrás y no vió al hombre del saco. Volvió a recuperar su anillo pero ya no estaba allí.

Entonces apareció un viejo y la niña le pregunto:

-¿Ha visto usted por aquí un anillo de oro?

Él le contestó:

-Sí, en el fondo de este costal está y ahí lo encontrarás.

La niña se metió en el costal a buscarlo y el viejo, que era realmente el hombre del saco, cerró el costal, se lo cargó y se marchó. El viejo iba de lugar en lugar buscándose la vida. Le dijo a la niña:

-Cuando yo te diga: «Canta, saquito, canta que si no te doy con la palanca», tienes que cantar dentro del saco.

Fueron de pueblo en pueblo y donde iban reunía a la gente realizaba el truco. La niña desde dentro del saco cantaba:

"Por un anillo de oro
que en la fuente me dejé
estoy metida en el saco
y en el saco moriré".

El saco era la admiración de la todos, que le echaban monedas.

Un día el viejo llegó a una casa donde era conocida la dijo:

-Canta, saquito, canta que si no te doy con la palanca.- La niña comenzó a cantar.

En la casa, oyeron la voz de la niña, y corrieron a llamar a su familia. Que en cuanto escucharon la voz, la reconocieron. Le dijeron al viejo que le darían posada aquella noche en su casa y el viejo, aceptó.

El viejo a la casa y comenzó a cenar, pero no tenían vino y le pidieron que fuera el a comprar un poco vino, con el dinero que ellos le darían. El hombre acepto pensando quedarse con una buena parte del cambio.

Cuando el viejo se fue, los padres sacaron a la niña del saco, que les contó todo lo que le había sucedido, y la escondieron en la habitación para que no la viera. Después, cogieron un perro y un gato y los metieron en el saco.

Volvió el viejo, comió, bebió y después se acostó. Cuando se levantó, tomó su limosna y salió camino de otro pueblo.

Al llegar a otro pueblo, reunió a la gente y anunció que llevaba consigo un saco que cantaba y cuando se formó un corro de gente dijo:

-Canta, saquito, canta que si no te doy con la palanca.

El saco no cantaba y el viejo insistió:

-Canta, saquito, canta que si no te doy con la palanca.

El saco seguía sin cantar y la gente empezó a reírse de él..

Por tercera vez insistió más que escamado y pensando dar un buen castigo a la niña.

-¡Canta, saquito, canta que si no te doy con la palanca!

Y el saco no cantó.

El viejo, furioso, empezó a dar golpes y patadas al saco para que cantase, enfureciendo al gato y al perro que comenzaron a maullar y a ladrar. El viejo abrió el saco y el perro y el gato saltaron hacia él. El perro le dio un mordió en la cara, y el gato se la llenó de arañazos.

Además la gente del pueblo, pensando que se habían querido burlar de ellos, la emprendieron con él con palos y varas.

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